El concubino de la policía fallecida el sábado a la mañana insiste en que se trató de un suicidio. Sin embargo, después de escuchar su declaración, la fiscala Adriana Reinoso Cuello solicitó su detención. La medida fue aceptada por el Juzgado de Instrucción de Turno y el hombre de 28 años continúa alejado en la comisaría de Yerba Buena.

El abogado que lo defiende, José del Río, solicitó ayer que se realice una reconstrucción del hecho mientras aguarda el resultado de las pericias. “Estamos esperando el resultado del dermotest, que confirmará si él utilizó o no un arma de fuego”, explicó el letrado.

Según mencionó del Río, los vecinos de la pareja no escucharon ninguna discusión la mañana del hecho. “Incluso mi defendido pidió la ayuda de una vecina -agregó- y fue en la ambulancia con ella al hospital Padilla, donde declaró como testigo”.

La mujer, que tenía 26 años, trabajaba en el Centro de Monitoreo de Yerba Buena. El viernes a la noche había ido con su concubino a una cena de fin de año de la Policía. La pareja regresó a la casa que compartían en La Rinconada a las 5 del sábado. “Él se estaba desvistiendo cuando escuchó un disparo, corrió y la vio tirada en el piso de la habitación con un tiro en la cabeza”, contó el abogado.

Pero lo que complicaría la situación del hombre, que es empleado administrativo de la UNT, es la aparición de un segundo disparo en la esquina del techo de la habitación. Los investigadores del caso comentaron que alrededor de la bala hallaron cabellos de la mujer. “Lo que estimamos es que el primer disparo fue fallido y le rozó la cabeza, por eso estaban los pelos, y que recién la segunda vez que accionó el arma le impactó”, argumentó del Río.